Hay palabras que te duelen más que los golpes. Esas palabras te ayudan a ser más fuerte, pero más que ser fuerte te ayudan a recibir con más calma las decepciones diarias. Recibir las palabras fuertes con más calma y serenidad propia no es exactamente ser fuerte, si no, dejar pasar todos tus sentimientos de odio y decepción, guardártelos dentro de ti hasta que un día... explotes.
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