«Sartre tiene una frase que dice: “Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”. Esto para mi es una frase de las más fundamentales de toda la historia de la humanidad. Porque, evidentemente, desde que nacemos hacen de nosotros algo; nosotros nacemos y nos hablan, nos meten una lengua, y nosotros la recibimos, como una esponja, palabras, palabras, palabras... Cuando empezamos a hablar, ¿qué decimos? —Decimos las palabras que nos dijeron, es decir, no tenemos un lenguaje propio; solo creemos que dominamos una lengua y esa lengua nos domina a nosotros. Pero, alguna vez, vamos a tener que decir una palabra nueva, alguna vez vamos a tener que decir una palabra que sea nuestra, y esa va a ser nuestra libertad. Entonces, es cierto el lenguaje que nos condiciona, el entorno sociopolítico que nos condiciona, el inconsciente que nos condiciona, es verdad todo eso, todo lo que quieran; pero a partir de algun momento, tenemos que ser responsables por nuestra vida nosotros mismos, porque somos lo que elegimos ser. Entonces, bienvenida la frase del maestro Jean-Paul, que dice “cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”
Hey wait! I've got a new complaint.
jueves, 16 de abril de 2015
viernes, 20 de marzo de 2015
El viajero
"Rompió el reloj el vidrio que protegía el gran cuadrante en el que los números romanos terminaban en unas filigranas prolijas delicadas lo diseminó sobre el montón de ceniza húmeda que dos noches atrás había sido la hoguera temblorosa que él mismo había encendido
Estuvo acuclillado un momento entregado al trabajo pueril de espolvorear de vidrio la masa grisácea y pegoteada de la ceniza después se paró y miró a su alrededor
La llovizna seguía impalpable lenta adensándose pareciéndose más y más a la niebla a medida que se alejaba hacia el gran horizonte circular
Su cara permaneció más dura y más tranquila que si la hubiese alzado para mirar la hora en el Big Ben
Estaba tan acostumbrado a esa llanura que parecía retroceder a medida que él avanzaba que sentía por momentos la ilusión de no progresar se había familiarizado tanto con ella y al mismo tiempo se concebía a sí mismo como un hombre tan resignado y gentil que el hecho de vagabundear por ella desde hacía cinco días su caballo había tropezado en un agujero se había quebrado la pata delantera el hecho de dar vueltas en redondo sin poder encontrar un punto de referencia un rancho un árbol ni la posibilidad de guiarse por las estrellas porque apenas si había dejado de lloviznar unas horas en cinco días y en todo caso en ningún momento el cielo se había despejado el hecho de estar perdido en la llanura sin nada con qué alimentarse sin hablar otra cosa que inglés sin haber visto nada viviente como no hubiesen sido unos pájaros negros rígidos altos en el cielo
que emigraban no parecían producir en él ningún sentimiento la comprobación serena la desesperación fría la perplejidad
Un momento antes de romper el reloj la perplejidad creció un poco
descubrir que después de caminar dos días parándose únicamente de tanto en tanto para jadear más cómodo se llegaba otra vez al punto en que la tregua de la llovizna había permitido encender una hoguera débil con la esperanza de que alguien divisase su resplandor la perplejidad creció un poco instalándose en su cara bajo la forma de una semisonrisa
Nadie había divisado nada ni la hoguera que había encendido ni las otras hogueras la cara rojiza las ojeras azuladas los cabellos color zanahoria rodeando la gran frente y la coronilla calva el agua implacable las hace relucir
Está otra vez en el punto de la hoguera sacó el reloj de su bolsillo lo rompió diseminó los pedacitos de vidrio sobre la ceniza acuclillado
Se paró y miró el horizonte el pajonal no sabía que se llamaba así se extendía hasta el horizonte gris parejo monótono
Le llegaba a la altura de las caderas
A veces entre las matas había claros estrechos estrictos
un hombre podía tenderse y desaparecer había que estar ahí para saber que existían
Cuando avanzaba las hojas filosas se abrían chasqueando se cerraban por detrás se paraba se daba vuelta ni rastro de su paso
estaba dado vuelta no notaba ninguna diferencia ninguna
su lengua su recuerdo decían me he dado vuelta me he dado vuelta no estuve todo el tiempo mirando en esta dirección
No se percibe la más mínima diferencia
Es exactamente igual la lluvia más transparente o más densa ya está más lejos o más cerca del horizonte el cielo gris bajo el pajonal no sabía que se llamaba así hasta el horizonte gris parejo monótono
Razonable y gentil acepto me he dado vuelta estoy en otra dirección ahora giro otra vez estoy de nuevo en la antigua yo creo persevero Jeremy Blackwood en nombre de la Compañía establece los puntos cardinales encontrará el saladero
Miró el montón de ceniza el reloj roto diseminado siguió caminando
Anduvo un tiempo incalculable negrura más pareja todavía que el pajonal más densa que la llovizna chasquido de las hojas flexibles se hundía hasta las caderas sonaba y resonaba en la mente en el recuerdo durante horas incluso y más si se paraba un momento no dejó grieta el silencio no se pudo colar
Un chasquido seco terminando en una especie de deslizamiento al volver hacia atrás las hojas desplegaban ese sonido y lo hacían cimbreante y resonante
Amaneció
Todo sigue ahí idéntico férreo implacable la llovizna el cielo el horizonte el pajonal
Sé que avancé la Compañía desde Londres sabe que caminé que avancé veo en el alba un punto idéntico a los otros un punto idéntico no el mismo estoy seguro es mi propia palabra contra los pajonales el cielo el horizonte la llovizna
Jadea
Está todo mojado el sacón de cuero retorcido pegoteado al cuerpo el agua chorrea por la cara los cabellos rojos color zanahoria oscurecidos llameantes
Caminó todo el día voy a parar cuando el agua pare parándose únicamente para jadear llegó la noche y la llovizna
Paró
Se dejó caer hacia adelante sobre los pajonales que se abrieron y se cerraron como un látigo
Quedó dormido inmóvil
Al alba únicamente el sueño se desplegó un abanico fosforescente vio Londres flotando iluminada como una catedral transparente Londres ladrillos rojos el ruido de los coches de los caballos resonando sobre el empedrado gritos de comadres de ventana a ventana mercados pirámides truncas de tomates pescados blandos blancos abiertos como en los mostradores de las pescaderías reses rojas mujeres cangrejos todavía vivos arrastrándose impúdicas descuartizadas prostitutas mostrando sus senos manchados de pecas chicos corriendo entre los vendedores ambulantes la música de las tabernas y de los mendigos ciegos elevándose por encima de la muchedumbre
Se despertó inmóvil la cara aplastada contra los pajonales se movió un poco los oídos todavía cerrados la sonrisa deshecha por la posición y por el estremecimiento
Llegaré al saladero porque la Compañía me eligió digno honrado predestinado Jeremy Blackwood pelirrojo y gentil con la razón y la memoria de su parte para vencer la tentación de lo idéntico de lo inmóvil
Bendita sea Londres
Bendita sea la muchedumbre que camina por sus veredas benévolas
Bendita sea la luz que sale por las ventanas de sus casas
Benditos sean el ruido y el color de las ciudades
Jeremy se sentó despacio se quedó un momento con los ojos abiertos orgullosos
Baja la cabeza y ve otra vez el montón de ceniza negruzco los fragmentos de vidrio diseminados el reloj roto abierto el gran cuadrante circular en que los números romanos terminan en unas filigranas prolijas delicadas
Gloria
A los viajeros ingleses y sobre todo
Gloria
A Jeremías Blackwood que no dejó ni rastro de su viaje."
Estuvo acuclillado un momento entregado al trabajo pueril de espolvorear de vidrio la masa grisácea y pegoteada de la ceniza después se paró y miró a su alrededor
La llovizna seguía impalpable lenta adensándose pareciéndose más y más a la niebla a medida que se alejaba hacia el gran horizonte circular
Su cara permaneció más dura y más tranquila que si la hubiese alzado para mirar la hora en el Big Ben
Estaba tan acostumbrado a esa llanura que parecía retroceder a medida que él avanzaba que sentía por momentos la ilusión de no progresar se había familiarizado tanto con ella y al mismo tiempo se concebía a sí mismo como un hombre tan resignado y gentil que el hecho de vagabundear por ella desde hacía cinco días su caballo había tropezado en un agujero se había quebrado la pata delantera el hecho de dar vueltas en redondo sin poder encontrar un punto de referencia un rancho un árbol ni la posibilidad de guiarse por las estrellas porque apenas si había dejado de lloviznar unas horas en cinco días y en todo caso en ningún momento el cielo se había despejado el hecho de estar perdido en la llanura sin nada con qué alimentarse sin hablar otra cosa que inglés sin haber visto nada viviente como no hubiesen sido unos pájaros negros rígidos altos en el cielo
que emigraban no parecían producir en él ningún sentimiento la comprobación serena la desesperación fría la perplejidad
Un momento antes de romper el reloj la perplejidad creció un poco
descubrir que después de caminar dos días parándose únicamente de tanto en tanto para jadear más cómodo se llegaba otra vez al punto en que la tregua de la llovizna había permitido encender una hoguera débil con la esperanza de que alguien divisase su resplandor la perplejidad creció un poco instalándose en su cara bajo la forma de una semisonrisa
Nadie había divisado nada ni la hoguera que había encendido ni las otras hogueras la cara rojiza las ojeras azuladas los cabellos color zanahoria rodeando la gran frente y la coronilla calva el agua implacable las hace relucir
Está otra vez en el punto de la hoguera sacó el reloj de su bolsillo lo rompió diseminó los pedacitos de vidrio sobre la ceniza acuclillado
Se paró y miró el horizonte el pajonal no sabía que se llamaba así se extendía hasta el horizonte gris parejo monótono
Le llegaba a la altura de las caderas
A veces entre las matas había claros estrechos estrictos
un hombre podía tenderse y desaparecer había que estar ahí para saber que existían
Cuando avanzaba las hojas filosas se abrían chasqueando se cerraban por detrás se paraba se daba vuelta ni rastro de su paso
estaba dado vuelta no notaba ninguna diferencia ninguna
su lengua su recuerdo decían me he dado vuelta me he dado vuelta no estuve todo el tiempo mirando en esta dirección
No se percibe la más mínima diferencia
Es exactamente igual la lluvia más transparente o más densa ya está más lejos o más cerca del horizonte el cielo gris bajo el pajonal no sabía que se llamaba así hasta el horizonte gris parejo monótono
Razonable y gentil acepto me he dado vuelta estoy en otra dirección ahora giro otra vez estoy de nuevo en la antigua yo creo persevero Jeremy Blackwood en nombre de la Compañía establece los puntos cardinales encontrará el saladero
Miró el montón de ceniza el reloj roto diseminado siguió caminando
Anduvo un tiempo incalculable negrura más pareja todavía que el pajonal más densa que la llovizna chasquido de las hojas flexibles se hundía hasta las caderas sonaba y resonaba en la mente en el recuerdo durante horas incluso y más si se paraba un momento no dejó grieta el silencio no se pudo colar
Un chasquido seco terminando en una especie de deslizamiento al volver hacia atrás las hojas desplegaban ese sonido y lo hacían cimbreante y resonante
Amaneció
Todo sigue ahí idéntico férreo implacable la llovizna el cielo el horizonte el pajonal
Sé que avancé la Compañía desde Londres sabe que caminé que avancé veo en el alba un punto idéntico a los otros un punto idéntico no el mismo estoy seguro es mi propia palabra contra los pajonales el cielo el horizonte la llovizna
Jadea
Está todo mojado el sacón de cuero retorcido pegoteado al cuerpo el agua chorrea por la cara los cabellos rojos color zanahoria oscurecidos llameantes
Caminó todo el día voy a parar cuando el agua pare parándose únicamente para jadear llegó la noche y la llovizna
Paró
Se dejó caer hacia adelante sobre los pajonales que se abrieron y se cerraron como un látigo
Quedó dormido inmóvil
Al alba únicamente el sueño se desplegó un abanico fosforescente vio Londres flotando iluminada como una catedral transparente Londres ladrillos rojos el ruido de los coches de los caballos resonando sobre el empedrado gritos de comadres de ventana a ventana mercados pirámides truncas de tomates pescados blandos blancos abiertos como en los mostradores de las pescaderías reses rojas mujeres cangrejos todavía vivos arrastrándose impúdicas descuartizadas prostitutas mostrando sus senos manchados de pecas chicos corriendo entre los vendedores ambulantes la música de las tabernas y de los mendigos ciegos elevándose por encima de la muchedumbre
Se despertó inmóvil la cara aplastada contra los pajonales se movió un poco los oídos todavía cerrados la sonrisa deshecha por la posición y por el estremecimiento
Llegaré al saladero porque la Compañía me eligió digno honrado predestinado Jeremy Blackwood pelirrojo y gentil con la razón y la memoria de su parte para vencer la tentación de lo idéntico de lo inmóvil
Bendita sea Londres
Bendita sea la muchedumbre que camina por sus veredas benévolas
Bendita sea la luz que sale por las ventanas de sus casas
Benditos sean el ruido y el color de las ciudades
Jeremy se sentó despacio se quedó un momento con los ojos abiertos orgullosos
Baja la cabeza y ve otra vez el montón de ceniza negruzco los fragmentos de vidrio diseminados el reloj roto abierto el gran cuadrante circular en que los números romanos terminan en unas filigranas prolijas delicadas
Gloria
A los viajeros ingleses y sobre todo
Gloria
A Jeremías Blackwood que no dejó ni rastro de su viaje."
sábado, 14 de marzo de 2015
viernes, 6 de marzo de 2015
miércoles, 28 de enero de 2015
Siempre se me acumulan las cosas que siento, en todos los sentidos. Cuando me pasa algo, lo escribo y lo guardo en borrador. Al otro día siento otra cosa y repito la misma acción, hasta que se me mezclan todos los dias, todas las emociones, todas las cosas que suelto y ni se soltar. Como siempre.
Ni siquiera se que hago. ¿Qué es lo que hago? ¿no te pasa que queres decir un montón de cosas y tu garganta se cierra en cada idiota intento?
jueves, 22 de enero de 2015
Rencor, ¡Qué palabra mal letal!
para el que lo siente
y el que lo recibe
Rencor, ¡Ninguna salida dara!
para el que lo siente
para el que lo vive
a veces uno, y a veces dos
las personas tienen que aprender a conocer
a escuchar
y antes de esto, callar
Rencor, ¡Qué destrucción!
y es tan fácil poder sentirlo...
Esa estúpida mania
de querer lo que no nos quiere
perseguir
e ignorar lo que no queremos ver
y deberiamos ver
viernes, 2 de enero de 2015
Vida, calor, humano
Me acoste y seguí pensando. Me acoste frente a mi para poder serme más sincera y no ocultarme cosas, no a mi también. ¿Se dieron cuenta que nunca nada nos viene bien? En invierno usamos calefactores para sentir calor, y en verano usamos ventiladores. Nunca nos adaptamos, nos cuesta. Nunca aceptamos a la estación como la estación que es. Sufrimos el calor y el frio extremo casi tanto como a veces sufrimos las horas. No nos gusta como estan las cosas y entonces vamos y las cambiamos. Por un lado esta bueno porque cambiamos esto para sentirnos mejor. Siempre necesitamos ayuda, y cuando el ventilador o el calefactor no estan, nos las arreglamos solos... Como podemos.
sábado, 4 de octubre de 2014
viernes, 25 de julio de 2014
Noche-día
La vida es como la noche. Rara vez pueden verse todas las estrellas, pero las que ves, las aprecias. Las aprecias tal vez porque no hay nada más lindo que disfrutar de esas cosas pequeñas y darles ese privilegio de hacerte feliz. Todos tienen la capacidad de verlas, pero no todos quieren verla. Tal vez sos solo un afortunado.
Algunos las ven y les parecen algo insignificante. ¿Y si no se trata solo de ver, si no de ser capaz de apreciar? es decir, algunas personas no las miran a ellas; aprecian su fondo, lo oscuro, y como último retoque, se aferran a él, y así es como se les pasa la vida.
Ahí estas, estancado esperando que esa estrella diferente a todas las que existen, la estrella reina, aparezca, le de un giro a tu vida y eso, probablemente, nunca pase.
Tal vez es momento de mirar arriba y apreciarlas solo por el hecho de que estas intentando ser feliz. Y eso es suficiente.
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